Están ahí, reales,
cargados de vida,
encerrando sueños
tras sus ventanas.
Ninguno contiene
princesas que salvar
y, en cambio, alojan
caballeros esgrimiendo lanzas.
No busquéis, no hay
aspas como en aquellos
molinos que nunca fueron
y pudieron ser.
Ni don Quijote les reta
ni Sancho los evita.
Están en la altura
y clavan sus raíces en la tierra.
Los miro y me veo.
Creados para gloria
de un presente grandioso
saben su caída estrepitosa.
Allí, ahí, en una de sus
múltiples ventanas
miro al mar
esperando mi llegada.
